jueves, 28 de julio de 2011
40: De número maldito a salvador
El 40 es un número singular para la historia electoral cordobesa reciente. 40% y sus aledaños fue el porcentaje de los perdedores: Con 39% perdió el PJ en el ´83, con 44% en 1987, con 37% en 1991 y con 40% en 1995. La UCR a su vez, perdió con un 40,5 en 1998 y con 37% en el 2003.
Repasando las siete elecciones que hubo en la Docta desde el regreso de la democracia vemos que el Partido Justicialista, sólo o en coalición, ganó tres y el radicalismo ganó cuatro. Sólo hubo una contienda caracterizada por tres candidaturas que superaron el 20% de los votos cada una; y fue en el 2007, producto de la irrupción de Luis Juez y su Frente Cívico Social.
Mucho se ha discutido si ese Frente le ha quitado más adherentes a la UCR o al PJ. Más allá de ello, podemos afirmar que cuando el escenario era de dos, para ganar había que lograr entre el 45% y el 55% de los sufragios ya que la polarización era más que clara entre el oficialismo y un partido opositor, el cuál lograba aglutinar entre 37 y 40 puntos porcentuales de los descontentos con la fuerza gobernante (Angeloz o De La Sota según la elección que analicemos).
Sin embargo, desde que son tres las fuerzas con aspiraciones concretas de poder, el umbral de acceso al poder cordobés pareciera ser más bajo y el 40% se ha convertido en la cifra salvadora. A Schiaretti o a Juez le hubiesen alcanzado y sobrado unos 40 puntos en el 2007 para ganar sin discusión.
Dentro de pocos días el candidato que logre por lo menos ese porcentaje será Gobernador. No sería una sorpresa que una vez más gane el Justicialismo; al fin y al cabo, es la única fuerza que, en las siete elecciones, más veces se ha acercado o superado el 40%; y que, en sus peores momentos (1991 y 2007), sólo bajÓ hasta los 37 puntos.
miércoles, 27 de julio de 2011
Mauricio es Makri
Todas las miradas se posan en el Jefe de Gobierno porteño intentando divisar hacia dónde se volcará su apoyo en la elección presidencial del 14 de agosto, del 23 de octubre o, eventualmente, en la segunda vuelta. Conviene preguntarse, ¿qué incentivos tiene Mauricio Macri para que gane una fuerza opositora al kirchnerismo si él no la podrá liderar?
Además, también es dable cuestionarse si el hecho de que Macri apoye a tal o cual fuerza implica que sus votos se transfieren de manera tan directa al candidato al que supuestamente apoye.
El acceso de Duhalde, Alfonsín, Carrió, Binner o el que sea a la Casa Rosada echaría por tierra las aspiraciones presidenciales de Macri puesto que la coalición que gane será la que se encargue de movilizar el péndulo hacia el otro costado y el Presidente que la lidere será la nueva cara del postkirchnerismo.
A menos que Macri esté pensando en un desastre económico y social parecido al del 2001 del cual él quiera ser el nuevo piloto de tormentas, como un Duhalde moderno, no se observan motivos para que realmente desee que otro dirigente le gane en su antikirchnerismo.
Claro está que realizará algún tipo de declaración a favor de algún candidato de la oposición, pero de manera tibia y que quedará más en lo discursivo que en lo real.
El interés del PRO es seguir consolidando una estructura nacional que hoy no tiene y esperar el agotamiento del kirchnerismo que, suponían, ya había llegado, pero que tuvo un nuevo influjo a partir de acciones de gestión valoradas positivamente, del deceso de Néstor Kirchner y de algunas modificaciones de estilo desde la Presidencia de la Nación.
Tal vez una de las declaraciones de las que poco se ha dicho sea más que reveladora. La candidata a Vice Jefa de Gobierno de Macri, María Eugenia Vidal, cuyo esposo es candidato duhaldista en la Provincia, ha dicho que podría votar a Cristina Kirchner.
En fin, el Macrismo está en su etapa más kirchnerista y los votos que ha ganado en Capital Federal y Santa Fe difícilmente puedan ser tomados en su totalidad por un único candidato presidencial. En esa repartija, tal vez hasta la Presidenta ligue algo.
martes, 26 de julio de 2011
Las dos caras de un año electoral: Un 2011 con mucho de ´95 y de ´07
Son dos los elementos que nos ayudan a comprender este año electoral. La economía y la historia electoral reciente.
La economía porque hoy en día casi un tercio de los argentinos valoran positivamente distintas variables referidas a su marcha; cuando hace un año sólo dos de cada diez ciudadanos opinaba de esa manera. Sería erróneo pensar que lo que la opinión pública dice nos hable de lo que verdaderamente sucede en los subyacentes cauces de las condiciones materiales de vida; pero sería también poco acertado creer que tales miradas no inciden en la mayor o menor racionalidad que estructuran los ciudadanos a la hora de votar. Los cambios en signos partidarios desde el regreso de la democracia se han visto acompañados por el agotamiento del modelo económico en ejercicio y por un intento de extremar las contradicciones del mismo por parte de quienes se erigían como sus progenitores. No parece ser esto lo que la opinión pública perciba hoy.
El segundo elemento tiene que ver con que el parentesco entre el actual escenario electoral y el que tuvo lugar en 1995 y 2007; observándose características similares como un modelo económico con falencias pero no en estado aparente de crisis, una situación social políticamente conflictiva pero en cierto orden y una oposición incapaz de construir esquemas de polarización y oferta unificada alterna al Gobierno.
Los porcentajes de voto obtenidos por Menem en 1995, tanto a nivel nacional como en los principales distritos, se parecen a los alcanzados por Cristina Kirchner en 2007 y también a los que vaticinan algunas encuestas para 2011. También hay similitudes entre el desempeño de los candidatos opositores a Menem con el que tuvieron los candidatos que enfrentaron a Cristina Kirchner. Una fuerza entorno al 25%-30% en segundo lugar (FREPASO-Bordón en 1995 y ARI-Carrió en 2007) y un tercer partido que no alcanza el 20% (UCR-Massaccessi en 1995 y UCR-Lavagna en 2007).
Hoy varios candidatos pugnan por el lugar que persiguieron Bordón y Carrió. Sin embargo, tal como sucedió en esos casos, no será suficiente mientras no haya una coalición que logre superar el piso del 30% o algún cambio en la situación económica que debilite al Gobierno. Los resultados de las elecciones primarias hablarán, tal vez de manera más estentórea por su carácter de primicia, que los del 23 de octubre.
La economía porque hoy en día casi un tercio de los argentinos valoran positivamente distintas variables referidas a su marcha; cuando hace un año sólo dos de cada diez ciudadanos opinaba de esa manera. Sería erróneo pensar que lo que la opinión pública dice nos hable de lo que verdaderamente sucede en los subyacentes cauces de las condiciones materiales de vida; pero sería también poco acertado creer que tales miradas no inciden en la mayor o menor racionalidad que estructuran los ciudadanos a la hora de votar. Los cambios en signos partidarios desde el regreso de la democracia se han visto acompañados por el agotamiento del modelo económico en ejercicio y por un intento de extremar las contradicciones del mismo por parte de quienes se erigían como sus progenitores. No parece ser esto lo que la opinión pública perciba hoy.
El segundo elemento tiene que ver con que el parentesco entre el actual escenario electoral y el que tuvo lugar en 1995 y 2007; observándose características similares como un modelo económico con falencias pero no en estado aparente de crisis, una situación social políticamente conflictiva pero en cierto orden y una oposición incapaz de construir esquemas de polarización y oferta unificada alterna al Gobierno.
Los porcentajes de voto obtenidos por Menem en 1995, tanto a nivel nacional como en los principales distritos, se parecen a los alcanzados por Cristina Kirchner en 2007 y también a los que vaticinan algunas encuestas para 2011. También hay similitudes entre el desempeño de los candidatos opositores a Menem con el que tuvieron los candidatos que enfrentaron a Cristina Kirchner. Una fuerza entorno al 25%-30% en segundo lugar (FREPASO-Bordón en 1995 y ARI-Carrió en 2007) y un tercer partido que no alcanza el 20% (UCR-Massaccessi en 1995 y UCR-Lavagna en 2007).
Hoy varios candidatos pugnan por el lugar que persiguieron Bordón y Carrió. Sin embargo, tal como sucedió en esos casos, no será suficiente mientras no haya una coalición que logre superar el piso del 30% o algún cambio en la situación económica que debilite al Gobierno. Los resultados de las elecciones primarias hablarán, tal vez de manera más estentórea por su carácter de primicia, que los del 23 de octubre.
domingo, 16 de mayo de 2010
¿Por qué ojo? ¿Por qué aguja?

Pocos analistas se atreven a contradecir el ya cada vez menos supuesto repunte del kirchnerismo.
La pregunta que vale la pena hacerse es qué tipo de lógica será la que sobrevuele en la decisión electoral de los argentinos dentro de un año y algo más, allá por 2011.
Veamos, en el ´99 los aspectos que estaban en juego eran los de honestidad vs. corrupción, nueva política vs. vieja política; cambio en lo político, con algo de socialdemocracia pregonada por el frepasismo, pero continuidad bajo la carpita endeble de la convertibilidad.
La titubeante mano del electorado vernáculo hacía ostensible sus deseos de, en definitiva, volcarse por algo seguro, nada de cambios raros, nada de horizontes devaluatorios ni sórdidos diputruchos. Saquemos al mono, pongámos uno con aires circunspectos y prudentes. quitemos de nuestra vista lo que más se le parezca, y traigamos alguien serio, aburrido si, pero serio y honesto. Parecían decir.
Si la economía sigue creciendo, si la inflación se mantiene bajo control, si se mejoran los índices de ocupación y, en consecuencia, las inseguridades, las sentidas y las vividas, las mediáticas reales y las mediáticas virtuales, las operetas y las ciertas, es muy probable que los argentinos no querramos que las cosas cambien mucho; y hasta tal vez anhelemos soñadoramente con un Lula doméstico, con un Presi de primer mundo, amigo de las instituciones y respetuoso de las ideas republicanas.
Ahora bien, ¿estamos preparados para un salto de esa magnitud? Digo, para quedarnos piolas confiando que el o la que venga no va a descalabrar lo que, mal o bien, con o sin autoritarismo, con o sin viento de cola, la gente sureña ha sabido mantener.
¿Estaremos dispuestos a cambiar el gallo, como dicen en el campo, por otro que nos diga que las cosas van a seguir más o menos igual en lo económico pero que ahora se van a respetar las instituciones, vamos a ser más democráticos, vamos a consensuar y dialogar, vamos a ser moderados y no va a haber corrupción? En fin, regodearnos con un líder de esos que salen en las revistas del primero mundo, uno que diga, vamos a mirar más a Chile y Brasil que a Venezuela y Ecuador.
Si el hilo pasa por el ojo de lo más concreto y material que es el bolsillo cotidiano, no hay muchas esperanzas para las oposiciones; si el tema circula por el intrincado pero bienponderado eje de la institucionalidad, la transparencia, las formas y no sólo el resultado, el contrato moral, etc, etc, la mano será distinta.
No faltará quien diga que allá por ´99 cuando optamos así, muy bien no nos fue. No faltará quien diga que allá por ´99 la cosas eran distintas.
viernes, 23 de abril de 2010
10 argentinos dicen: Sobre el Señor NK

Imaginemos que nos encontramos con 10 argentinos y les preguntamos sobre el señor NK.
Más o menos lo que nos vamos a encontrar es con lo siguiente, según Don Aurelio, Doña Poliarkía, Doña Fornoni, Don Artemio y otros gauchos y chinitas del pago.
.- 3 de esos 10 argentinos dirían que NK es un tipo con muchas falencias pero que, en definitiva, gobernó bien, cometió errores con el campo pero que tenía razón y sólo la pifió en las formas, que tiene tintes progresistas, que renovó la corte suprema, que mejoró la economía, que se preocupó por los DDHH, etc. En definitiva, les agrada.
.- 4 de estos amigos argentinos nos dirían que es tan o más corrupto que Carlos Saúl, que se ha enriquecido a costa de todos los argentinos, que es intolerante, que se pelea con todo el mundo, con la Iglesia, con los Medios, que su faceta progre es sólo una fachada, que es un representante de la vieja política, que usa a los pobres mediante dádivas para que lo voten pero que no genera condiciones estructurales de justicia social reales para que los más desfavorecidos salgan de condiciones de miseria, y mucho más.
.- 2 de estos tipos dirían que no les parece ni bueno, ni malo y 1 finalmente afirmaría que no tiene una opinión sobre el particular.
La gran batalla que el Señor NK deberá dar es en las preferencias, mentes, intereses, corazones y emociones de mis cuatro amigos que lo detestan. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Qué los moviliza? ¿Qué aman y qué odian? ¿Qué les preocupa? ¿Cómo seducirlos? ¿Cómo conquistarlos sin que eso implique perder amigos por otro lado? ¿Cómo equilibrar y tapar a todos con una frazada corta o cómo hilar para agrandar la frazada? ¿Cómo hacer que les disgusten a aquellos sus rivales? ¿Desde qué lugar conviene hablarles?
Si logra convencer al menos a uno de estos cuatro sujetos y granjearse el aprecio de al menos uno de los "NI" de esta historia, este Señor puede que nuevamente sea Presidente de la Nación.
lunes, 22 de marzo de 2010
EL QUE SE LA CREE PIERDE

DICE PAGNI EN LA NACIÓN DE HOY QUE:
Francisco de Narváez, Carlos Reutemann, Mauricio Macri o Ricardo Alfonsín piensan como Rossi y se alejaron del fuego. Ernesto Sanz se enfrascó en la presidencia de la UCR. Gerardo Morales, harto de las veleidades del PJ disidente ("Es el caddie de Carlos Menem", dijo Jorge Yoma, burlándose), prometió, en adelante, acatar sólo a su partido. Un diputado de Pro comió el jueves con otro del PJ opositor para elaborar un plan que los saque del pantano. No es fácil: Carrió dictaminó que Cristina Kirchner es una presidenta "de facto" y Cristina Krichner acusa a sus adversarios de golpistas. Muchos temen que la ciudadanía pase del "que se vayan los Kirchner" al "que se vayan todos".
En este contexto vale recordar dos interpretaciones sobre el triunfo de De Narváez sobre Néstor Kirchner el pasado junio de 2009. Una de ellas decía que el kirchnerismo demostraba así su decadencia, ya que perdía luego de haberse jugado a todo o nada, exponiendo al jefe y vicejefe en una lista y cayendo frente a un candidato rico en dólares pero pobre en densidad política, militancia, contenido discursivo, etc. Es decir, no era Duhalde el que le ganaba, sino un recién llegado al mundillo político.
Otra interpretación decía que el kirchnerismo había perdido en Provincia de Buenos Aires pero aún seguía siendo la primera minoría, con capacidad de disciplinar voluntades por el manejo de herramientas de la administración pública, con un relato que ha calado en una porción de la centroizquierda argentina. Ahora se suma algo más: Un año en el que las cosechas volverán a batir records y en el que la economía crecerá luego de un 2009 apaleado por la crisis internacional.
Algunos analistas dicen que más vale una minoría compacta que una mayoría dispersa. Uno de los errores de "la oposición" es precisamente haber creido que era "la oposición" y no un grupo de políticos opositores, lo cual es significativamente distinto. Nunca fueron la oposición, por más portadas de matutinos que se hayan impreso. Pero tampoco la oposición es un rejunte plagado de vedetismos y personalismos. Decir esto sería no considerar la historia doctrinaria, ideológica y de mística partidaria que hay detrás del pensamiento del PRO (Pinedo y compañía), de la UCR, del peronismo de centroderecha o del socialismo. La oposición sencillamente es un grupo de grupos partidarios, políticos, dirigenciales que se están en la otra vereda respecto al Gobierno y que tiene diferencias entre si en su visión de la realidad que vienen de antaño y que no se pueden obviar de la noche a la mañana. Dejarse llamar LA OPOSICIÓN y, lo que es peor, creerse de que eso era así, ha sido tal vez uno de los errores estratégicos más duros de este sector de la dirigencia política argentina. Tal error sólo equivaldría a que el Gobierno Nacional piense que todos los oficialismos (poderes ejecutivos y sus soportes legislativos) de la Nación son kirchneristas, olvidando a los "oficialistas" Rodríguez Saá, Schiaretti, etc. En fin, el que se la cree pierde, tal parece ser la moraleja.
jueves, 18 de marzo de 2010
APARIENCIAS

APARIENCIA 1: La oposición al Gobierno de CFK está unida como nunca y luchará para limitar al gobierno, logrando un país con más institucionalidad y calidad democrática.
APARIENCIA 2: La opinión pública y las encuestas que exponen altos niveles de popularidad son fundamentales para ejercer el gobierno de un país.
APARIENCIA 3: EL Gobierno Nacional está débil, en retirada y buscando la salida menos dolorosa. Es más, hasta podría adelantar elecciones de 2011.
APARIENCIA 4: La crisis económica internacional del 2009 y la inflación de 2010 nos harán que el 2001 pareza el mejor de los mundos.
APARIENCIA 5: Estamos mal política y económicamente, esto no tiene arreglo, nos vamos al tacho, somos un desastre todos, los que gobiernan, los que se oponen, los empresarios, los sindicalistas, los medios, TODOS.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


